El piloto salmantino dice adiós al Dakar 2026 tras una dura primera toma de contacto marcada por la falta de confianza, cuatro caídas y una moto irreparable.
Desde mucho antes de tomar la salida, Lorenzo Santolino ya sabía que este Dakar 2026 no iba a ser un camino sencillo. El piloto salmantino afrontaba la prueba más dura del mundo con una mochila cargada de dudas físicas y deportivas tras la lesión en el pulgar del pie derecho sufrida durante su preparación. Una lesión que le obligó a pasar por quirófano y que, sobre todo, le robó algo irrecuperable en el Dakar: tiempo de moto.
Ese déficit se notó desde el primer día. Paradójicamente, el inicio de esta edición parecía favorable para Santolino por el protagonismo de las zonas de piedras, un terreno en el que brilló en 2025 hasta lograr su primera victoria de etapa. Sin embargo, el piloto de Sherco no tardó en reconocer que las sensaciones estaban muy lejos de aquellas.
“No me siento reactivo, voy como un pasajero”, asumía con sinceridad desde los primeros kilómetros, incluso en las zonas técnicas donde antes marcaba diferencias. El Dakar no perdona cuando la confianza no acompaña, y en el caso del español, esa falta de conexión con la moto se tradujo rápidamente en problemas.
🏍️ Cuatro caídas en dos días
El balance fue demoledor. En apenas dos jornadas, Santolino acumuló cuatro caídas. Tres de ellas llegaron durante la Etapa 1, en un inicio ya marcado por el sufrimiento, y la última fue definitiva. Ocurrió en la segunda especial, en el kilómetro 313, en una caída que, pese a producirse a baja velocidad, tuvo consecuencias irreversibles.
La parte positiva, dentro del drama, fue el estado físico del piloto.
“Estoy bien. Se me ha vuelto a abrir la rodilla, una herida que ya arrastraba de una caída en la primera etapa, pero por el resto bien”, explicaba Santolino tras el accidente. El verdadero golpe lo recibió la moto.
🔧 Una Sherco irreparable
La Sherco del salmantino quedó seriamente dañada tras el impacto. Las tijas se rompieron y el cárter quedó vacío de aceite, dejando la moto completamente inutilizada. En pleno desierto, sin posibilidad de reparación, el abandono se convirtió en una decisión obligada.
Un final cruel para un piloto que llegaba con ilusión, pero también con la honestidad de quien sabía que no estaba al cien por cien. El Dakar, una vez más, se mostró implacable con quienes no logran encontrar el ritmo desde el inicio.
🧠 Cuando la cabeza va por detrás del cuerpo
Más allá de la lesión física, el Dakar de Santolino deja una lectura clara: en esta carrera, la falta de confianza se paga cara. El español nunca terminó de sentirse cómodo ni agresivo sobre la moto, algo esencial en una prueba donde la inercia psicológica es tan importante como la mecánica.
Cada caída fue restando confianza, cada kilómetro se convirtió en una lucha, y el margen de reacción se fue estrechando hasta desaparecer. El resultado fue un abandono prematuro que contrasta con las buenas sensaciones y el crecimiento mostrado en ediciones anteriores.
🔚 Un adiós temprano y muchas preguntas
El Dakar 2026 se queda sin uno de los pilotos españoles más combativos en motos. Para Lorenzo Santolino, el reto ahora pasa por recuperar plenamente la lesión, volver a subirse a la moto con garantías y reconstruir sensaciones.
Porque si algo ha demostrado el salmantino en el pasado es que, cuando el cuerpo responde y la confianza acompaña, tiene ritmo de sobra para brillar en el rally más exigente del planeta. Esta vez, simplemente, el Dakar fue demasiado pronto y demasiado duro.
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