La Etapa 5 del Dakar 2026 frena en seco la espectacular irrupción del joven piloto español, que pierde más de una hora en plena maratón y transforma la lucha por la general en un aprendizaje clave para su futuro.
El Dakar es un maestro severo. Primero te deja volar… y luego te recuerda, sin previo aviso, quién manda en el desierto. Edgar Canet lo comprobó de la forma más cruel posible en la Etapa 5 del Dakar 2026, la jornada que cambió por completo el rumbo de su carrera en esta edición.
Hasta ese jueves, el rally estaba siendo casi idílico para el joven piloto español. Dos victorias de etapa, récord histórico como el ganador más joven del Dakar, un sólido top 4 en la general y una sensación permanente de control y velocidad que ni siquiera él mismo había anticipado antes del arranque. Canet no era una sorpresa: era la confirmación de un talento listo para competir con los mejores.
Pero en una etapa maratón, liderar no te protege. Y el Dakar no perdona.
🏁 Un inicio brillante… y un golpe seco a la realidad
Canet arrancó la Etapa 5 con una autoridad impropia de su edad. Durante los primeros kilómetros fue el más rápido, marcando el ritmo y obligando a los favoritos a seguirle. Todo encajaba: navegación, trazadas, confianza.
“Los primeros 200 kilómetros fueron increíbles, probablemente la mejor sensación que he tenido nunca sobre la moto”.
Ese dominio se rompió de golpe con un impacto contra una roca, que dañó la rueda trasera y cambió por completo el guion del día. En una maratón, sin asistencia externa, no hay margen para el error. Solo queda resistir.
🛠️ Supervivencia en el desierto
Desde ese instante, la etapa dejó de ser una carrera para convertirse en una lucha por llegar.
“A partir de ahí la prioridad cambió totalmente y el resto de la etapa fue sobrevivir y traer la moto de vuelta al bivouac”.
Más de una hora perdida reparando el mousse, kilómetros interminables con la luz cayendo y el cuerpo al límite. Canet alcanzó la meta ya de noche, exhausto, pero entero. El objetivo ya no era el tiempo: era terminar.
⏱️ Sanción, general perdida… y una decisión clave
La ayuda posterior de su equipo para cambiar la rueda le permitió seguir en carrera, pero tuvo un coste altísimo: seis horas de penalización. Sumadas al tiempo perdido en pista, el resultado es demoledor: más de diez horas respecto a la cabeza y el adiós definitivo a cualquier opción en la general.
El Dakar, sin embargo, no entiende de dramatismos. Y Canet tampoco.
🧠 Aprender, resistir y seguir atacando
Lejos de esconderse, el piloto español asumió el golpe con una madurez impropia de su juventud:
“Esto forma parte del aprendizaje. Es solo mi segundo Dakar y cada kilómetro es experiencia valiosa”.
Liberado ya de la presión de la general, el Dakar cambia de significado. Ahora es escuela. Terreno para sumar kilómetros, afinar decisiones y, quién sabe, volver a levantar la mano en alguna etapa.
Porque si algo ha dejado claro la Etapa 5 es que Edgar Canet tiene velocidad de sobra para estar delante. El desierto le ha golpeado, sí. Pero también le ha enseñado. Y en el Dakar, esas lecciones suelen marcar carreras enteras.
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