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Foto: Estrella Galicia 0,0

Sainz confiesa que este 2026 empezará en una nota mucho más negativa que su 2025 pero confía en el gran margen que tienen de mejora

Hay inviernos que construyen ilusiones. Y hay otros que bajan a la tierra a base de cronómetro. El de Williams ha sido, claramente, de los segundos. En Baréin, entre tandas largas, simulaciones de carrera y miradas cruzadas al muro, Carlos Sainz no necesitó demasiados rodeos para describir el punto exacto en el que se encuentra el proyecto. Directo y sin rodeos: Hay que ser realistas, no hemos pasado buen invierno y no estamos a la altura de donde estábamos el año pasado”.

Y el contexto lo explica todo. En 2025, Williams era el quinto equipo de la parrilla. Dos podios, presencia habitual en la lucha por el top-5 y la sensación de que el proyecto, por fin, respiraba ambición. Hoy, en cambio, la foto es muy distinta. El FW48 nació con más incógnitas que certezas y el décimo tiempo de Sainz en los test, lejos de Leclerc, Norris y Verstappen, confirma que el camino será largo.

Mucho margen de mejora a lo largo de la temporada

Porque no es solo cuestión de rendimiento puro. También de entender el coche. De descifrar sus reacciones. De aprender a extraer lo que todavía no aparece. “Todavía nos falta mejorar, estamos fallando en pequeñas cosas clave que te hacen aprender como equipo“, admite el madrileño, consciente de que los detalles, en esta Fórmula 1, separan la zona media del abismo.

Y eso que Williams cuenta con el motor Mercedes, sobre el papel el más potente de la parrilla. Aun así, Sainz se aferra a una idea: el potencial de crecimiento. 2026 será un año de cambios profundos, el de mayor desarrollo técnico de los últimos tiempos. Un escenario donde las jerarquías pueden temblar. “Va a ser la temporada de mayor desarrollo en cuanto a cambios en el monoplaza”, explica, aunque reconoce que “algunos cambios” todavía no terminan de convencer ni siquiera a los pilotos, razón por la que prefiere “esperar” antes de emitir un veredicto definitivo.

Ese margen de duda, paradójicamente, es también el espacio donde nace la esperanza. Porque cuando todo cambia, todos tienen una oportunidad. Y ahí es donde Williams quiere agarrarse al reglamento como tabla de salvación.

Mientras tanto, el primer gran examen está a la vuelta de la esquina. Australia, con sus madrugones y su trazado imprevisible, marcará el verdadero punto de partida. “El cambio de reglamento ya es un motivo para levantarte a las cinco de la mañana para ver la carrera que, creo, va a ser divertida”, lanza Sainz, consciente de que la incertidumbre es, al menos, un aliciente para la afición.

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