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El piloto español salva una etapa crítica tras dos averías graves en su Ford Raptor y mantiene vivas sus opciones en un Dakar que ya le ha puesto contra las cuerdas.

Carlos Sainz ha vivido este miércoles uno de esos días que definen una carrera en el Dakar. El madrileño salvó dos auténticas bolas de partido en la edición 2026 del rally más duro del mundo, después de afrontar la etapa con serios problemas mecánicos en su Ford Raptor que amenazaban con mandarle directamente a casa. Primero fue el embrague. Luego, algo aún más preocupante: el motor.

🔧 Un embrague con un solo cartucho

El problema venía de lejos. El embrague del Ford Raptor ya había dado señales de alarma el día anterior y, tras una reparación de emergencia, Sainz salió a disputar la etapa con una limitación extrema: solo podía utilizarlo una vez.

“Tras las reparaciones de ayer conseguimos hacerlo funcionar, pero solo lo ha hecho una vez. Teníamos solo ese cartucho y lo usamos para arrancar el tramo”, explicaba Sainz.

La consecuencia fue inmediata: no podía detenerse. Ni en zonas técnicas, ni en pendientes, ni siquiera en una neutralización reglamentaria. De hecho, el español fue penalizado con un minuto precisamente por no parar… porque hacerlo habría supuesto quedarse tirado.

“Si te paras cuesta arriba o en arena, ahí te quedas. Hoy en una zona trialera tuve que saltar por encima de una roca tremenda”, relató.

🛢️ El verdadero susto: el motor V8

Si el embrague ya era una amenaza seria, el segundo problema encendió todas las alarmas en el campamento de Ford. El motor V8 de 5.0 litros comenzó a lanzar avisos relacionados con la bomba de aceite, un punto delicado que el propio Sainz ya había señalado antes del inicio del Dakar.

“Es algo sobre la bomba de aceite. En principio no tiene nada que ver con lo de Marruecos”, aclaró.

A mitad de etapa, cuando se encendió la alarma, el pensamiento fue inmediato y crudo:

“Pensé que nos íbamos para casa”.

🔥 “Hoy es como una victoria”

Pese a no poder aprovechar la jornada para recortar tiempo a rivales directos como Lategan o Al-Attiyah, el balance de Sainz fue claro: terminar ya era ganar.

“Para mí hoy es como una victoria. Haber llegado a meta me hace estar súper feliz. No me importa el tiempo”.

El español no escondió la magnitud del golpe esquivado:

“Nos tocó la lotería. Entre el motor y el embrague, acabar la etapa son muy buenas noticias. Estoy ya de propina”.

🏜️ El Dakar no perdona… pero tampoco olvida

El Dakar 2026 ya ha dejado claro que no habrá tregua para nadie, tampoco para un veterano como Carlos Sainz. El madrileño sigue en carrera, pero ahora cada kilómetro cuenta el doble. La mecánica, más que nunca, será juez y parte. Hoy, al menos, Sainz sigue vivo. Y en el Dakar, eso ya es mucho decir.

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