Canet, Sandets y Howes avecinan una etapa 5 muy dura en la que todo pasará por mantener vivos unos neumáticos que empiezan a flaquear…
En el Dakar, a veces la verdadera batalla no está en el roadbook, ni en abrir pista, ni siquiera en sobrevivir sin mecánicos en una etapa maratón. En el Dakar 2026, al menos en motos, el enemigo puede que esté rodando bajo los pies: los neumáticos.
Desde el primer kilómetro han dado guerra. Y no poco. Especialmente en KTM, la marca que más abiertamente ha verbalizado los problemas. Muchos pensaban que la degradación extrema —rozando el límite en algunos casos— era consecuencia directa de la dureza de las dos primeras etapas. Pero el castigo no ha disminuido ni en la 3 ni en la 4. Como bien resumía Carlos Sainz desde los coches, está siendo “el Dakar de las piedras”. Y Arabia Saudí, cuando quiere, es implacable.
El problema se multiplica en la etapa maratón. Sin asistencia externa, sin mecánicos y con una norma clara: las ruedas deben aguantar dos días completos de competición. No se pueden cambiar. Además, los pilotos salen sin saber con exactitud qué tipo de terreno les espera al día siguiente. Una lotería que se paga cara cuando el neumático empieza a deshacerse.
KTM los más críticos
Las alarmas han saltado en varios boxes. Hoy, tanto Daniel Sanders como Skyler Howes (Honda) y el propio Edgar Canet han mostrado su preocupación de cara a la segunda parte de la maratón. El catalán fue claro y directo al bajar de la moto: “¿Los neumáticos? El trasero está al límite para mañana. Intentaré revisar si podemos hacer algo, pero seguro que tendremos que cruzar los dedos e intentar llegar a la meta“.
Sanders, siempre expresivo, fue incluso más gráfico al describir el panorama general del paddock improvisado en el vivac maratón: “En el refuelling he ido mirando cómo estaban los neumáticos traseros de todos… y tenían cortes, estaban bastante destruidos. En la última parte he tratado de gestionarlos sin apretar mucho en las rocas para protegerla. A ver qué pasa mañana“.
Una gestión obligada en un Dakar donde Michelin —proveedor único en motos— ha visto cómo sus gomas sufren más de lo previsto por la combinación de altas temperaturas, peso extra y un terreno plagado de piedra afilada.
En Honda Schareina confía, Howes… no tanto
En Honda el problema no ha pillado por sorpresa, pero eso no lo hace menos preocupante. De hecho, el equipo había dado consignas claras para no forzar en exceso durante la primera jornada de maratón. Aun así, Skyler Howes no escondía su inquietud “Sabíamos que íbamos a tener problemas de neumáticos… y yo los tengo. Así que va a estar ‘interesante’ ver cómo va a ir mañana. Si mi neumático falla… será el final. El caso será conseguir llegar al final con estas ruedas y no tengo la mejor sensación con el mío…”. Palabras que no son precisamente un buen presagio para el estadounidense, obligado ahora a sobrevivir más que a correr.
El líder de la general, el más tranquilo
En medio de la tormenta, hay una figura que transmite calma. Tosha Schareina. El valenciano, nuevo líder de la general tras ganar la etapa 4 abriendo pista —uno de los trabajos más duros en el Dakar—, no parecía especialmente preocupado por el estado de sus neumáticos.
“Por el momento todo está bien, veremos mañana. Podría haber otra zona de piedras mañana, pero veremos“. Sin alardes. Sin dramatismo. Como si supiera que, en este Dakar de desgaste, la clave no siempre es correr más… sino llegar. Porque cuando las piedras mandan y los neumáticos flaquean, el Dakar deja de ser una carrera de velocidad para convertirse, una vez más, en una prueba de resistencia pura. Asfalto, arena y roca. Y sobrevivir.
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