El estadounidense firmó una etapa de control absoluto, resistió el primer ataque de Luciano Benavides y sentenció el rally con una lectura perfecta del desierto, mientras Tosha Schareina asegura el podio.
Desde muy pronto quedó claro que la etapa no iba a ser una más. En el primer punto de paso, el km 45, el Dakar ya hablaba en voz alta: los pilotos iban cayendo uno tras otro y ninguno podía acercarse al ritmo de Luciano Benavides y Ricky Brabec. Era un duelo puro. Sin intermediarios. Sin red.
El argentino mandaba con autoridad y el estadounidense aceptaba el reto, aunque en ese primer control cedía 25 segundos. La sorpresa llegaba por detrás: Tosha Schareina perdía mucho más de lo esperado, dejando más de dos minutos y medio con Benavides. Demasiado para una jornada que prometía ser de calculadora fina. Mientras tanto, Van Beveren daba caza a Skyler Howes, castigado por abrir pista rumbo al km 94. Los dos Honda rodaban juntos y compartían bonificaciones, una alianza circunstancial que iba a tener peso más adelante.
🧠 Benavides, desatado; Brabec, paciente
En el km 94, Benavides confirmaba las sensaciones: iba realmente fuerte. Incrementaba su ventaja con claridad y mandaba un mensaje al resto. Más de tres minutos sobre Van Beveren y más de seis sobre Howes. El argentino volaba. Pero el Dakar rara vez se queda con la primera versión del guion.
Edgar Canet no podía seguir el ritmo de Luciano y se quedaba solo, perdiendo casi seis minutos. Y mientras tanto, Brabec empezaba a construir su etapa con precisión quirúrgica. Adelantó a Schareina en pista, empezó a recortarle tiempo a Benavides y en el km 94 ya le había devuelto 22 segundos. No era suficiente… todavía.
Schareina, por su parte, comenzaba a mirar más hacia atrás que hacia delante. Daniel Sanders, muy mermado físicamente y con la clavícula izquierda rota, había salido 13º, pero no podía apretar como otros días. En el km 45, en lugar de recortar, perdía tiempo con el español. El tercer puesto de la general empezaba a teñirse de rojo Honda… y de acento español.
🔥 Brabec pasa al ataque
En el km 134 llegó el golpe serio. Brabec metía 1:24 más a Benavides. Confianza total. Ritmo alto. Cero dudas. El estadounidense ya había cambiado el signo de la etapa. Benavides reaccionaba más adelante, atrapando a Van Beveren y Howes en el km 184 y asegurándose las bonificaciones. Pero la teoría no siempre coincide con la práctica: hacer camino con dos Honda que no iban a colaborar no le daba ventaja real.
Brabec lo olió. Y atacó. En ese mismo punto, el líder de Honda ya endosaba 3:09 al argentino. Un mazazo. Minuto y medio más en apenas un tramo. El Dakar ya no se corría solo delante. Schareina también sufría en ese punto, dejando más de seis minutos con Brabec. Aun así, la lectura de la general era clara: Sanders había perdido más de doce minutos con el estadounidense en el control anterior. Ocho de ellos con Tosha. El podio empezaba a quedar sellado para el valenciano.
Brabec también alcanzó el último punto antes de la llegada de las motos y allí dejó claro que la etapa estaba bajo control. En ese control previo, el estadounidense ya le sacaba 4:35 a Luciano, una diferencia que, tras aplicar las bonificaciones del argentino, quedaría en torno a los tres minutos. En ese sector apenas amplió su ventaja en tres segundos, señal inequívoca de que no hacía falta forzar más. Gestión pura,
Brabec, ganador virtual del Dakar en motos
La sentencia llegó en meta. Ricky Brabec y Luciano Benavides cruzaron la línea final sabiendo que ya no quedaba nada que esconder. El cronómetro confirmó lo que la etapa había ido anunciando tramo a tramo: el estadounidense le endosó 3:43 al argentino una vez aplicadas las bonificaciones. Suficiente. Definitivo.
Brabec se llevó la etapa… y, salvo cataclismo, también el Dakar. No fue una victoria de exhibición, sino de control absoluto. Supo cuándo esperar, cuándo atacar y, sobre todo, cuándo no cometer errores. En el desierto, eso vale más que cualquier golpe de gas.
Tosha Schareina también llegó a meta. Cedió 12:58 con Brabec, un peaje alto, pero asumible. Porque hoy no se trataba de ganar, sino de asegurar. Y el español lo hizo. La tercera plaza de la general ya es suya: Daniel Sanders, cuarto, sigue pagando el precio de su caída y de un físico mermado que le impide luchar en igualdad.
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