Brabec lidera la general frente a Benavides y Schareina, con aún tres días por delante y una clasificación muy ajustada.
Era inevitable que el Dakar pasara factura. Daniel Sanders había jugado durante días al filo del desierto, dominando, marcando tiempos y enviando el mensaje de que esta edición tenía dueño. Pero el sábado fue una cosa… y el domingo, otra muy distinta. La Etapa 10 del Dakar 2026 dejó el KO más duro del rally: caída, pérdida de una minutada y un líder que, de golpe, dejó de serlo.
La arena no entiende de favoritismos. Y cuando te descuidas, te golpea. Sanders se fue al suelo en el peor momento posible. El tiempo voló, la clasificación se dio la vuelta y ahora queda la incógnita más temida: su estado físico, pendiente de exploraciones médicas, cuando aún restan tres días que no perdonan ni a los sanos.
🧠 El giro de guion: 41 segundos que lo cambian todo
La general quedó patas arriba. Ricky Brabec emerge como nuevo líder del Dakar 2026 en motos, pero su ventaja es mínima, casi cruel: 41 segundos sobre Luciano Benavides. Nada. Un suspiro. Un error de navegación. Una duna mal leída.
Con tan poco margen, el Dakar deja de ser una carrera de velocidad y se convierte en una partida de ajedrez a 140 km/h. Honda contra KTM. Estrategia pura. Abrir pista o esconderse. Atacar hoy o guardar munición para mañana. Aquí ya no gana el más valiente: gana el más frío.
🥉 Schareina resiste; Sanders, al acecho
Por detrás, Tosha Schareina se mantiene firme en el podio provisional. Tercero, sólido, pero sin red. Apenas 17 segundos le separan de un Sanders que, pese al golpe, sigue respirando en la general. Si el australiano puede pilotar al límite del dolor, nadie duda de que lo intentará. En el Dakar, rendirse no es una opción.
Schareina sabe que no puede fallar. Sanders sabe que ya no tiene nada que perder. Y Brabec y Benavides saben que el enemigo no solo va delante… también puede venir desde atrás.
🎯 Tres días para sobrevivir
El Dakar 2026 entra en su tramo final con todo abierto. No hay margen, no hay descanso y no hay certezas. El desierto ya ha hablado una vez y puede volver a hacerlo. Cada etapa es una moneda al aire, cada decisión pesa toneladas y cada segundo vale oro.
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