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Dakar Rally 2026

Canet cruza línea de meta 4 horas por detrás del líder y se despide de las esperanzas de poder pelear por el Dakar

Parecía uno de esos días en los que el Dakar te pone contra las cuerdas y te susurra al oído que abandones. Etapa 5. La más traicionera. La carrera más dura del mundo haciendo honor a su nombre. Y Edgar Canet, en su segundo Dakar, mirándole a los ojos.

En el kilómetro 240, y después de liderar con solvencia durante esos kilometros, con más de cien aún por delante, la moto dijo basta. La rueda trasera estaba destrozada. El mousse, muerto. El tipo de problema que no se arregla con fe ni con coraje. Quedarse tirado en medio del desierto por la goma trasera. Una hora larga intentando lo imposible. Probando. Insistiendo. Negándose a aceptar que ese día no estaba escrito para él.

Acabar la etapa era la prioridad

Volvió a subirse a la moto. Por orgullo. Por esperanza. Por ese instinto que solo tienen los que compiten de verdad. Pero no había milagro. La única opción era que su equipo saliera del campamento de Ha’íl y le entregara una rueda nueva. Reglamentariamente prohibido. Penalización directa: seis horas. Edgar lo asumió. Porque prefería perder tiempo antes que perder el Dakar. Antes que perder aprendizaje.

Con ese neumático nuevo logró acabar la especial: 4 horas, 36 minutos y 15 segundos perdidos en pista. Más las seis horas de sanción. Más de diez horas y media enterradas en el desierto. Ayer era cuarto en la general. Hoy, el podio ya no existe. Se esfumó como se esfuman los sueños en el Dakar: sin previo aviso.

La etapa de ayer ya avisó…

Canet lo sabía. En motos, las etapas 4 y 5 eran maratón: misma rueda, sin cambios permitidos. Muchos iban a sufrir. Edgar lo tenía claro desde el campamento refugio tras la etapa 4: “Mi rueda trasera está al límite. Voy a cruzar los dedos para llegar a meta”. Pero no se equivocaba.

Al llegar al campamento ayer el propio Canet con una navaja cortó un taco del neumático. Un método para aliviar presión. Ingeniería de supervivencia. Pero había más heridas. Cortes más grandes. Más peligrosos. Aun así, en lugar de levantar el pie, apretó los dientes. Salió a cuchillo en la etapa 5. No gestionó. Atacó.

Fue líder en todos los puntos intermedios hasta el kilómetro 240. Rodando delante, codo con codo con Luciano Benavides. Hasta que la goma, agotada, dijo basta.

Ganar experiencia pese a la penalización

Y aun así, Edgar no dudó. Aceptó el castigo. Porque este Dakar no iba solo de resultados. Iba de aprender. De seguir sumando kilómetros en una carrera que no perdona errores, por pequeños que parezcan. Lo hace el mismo piloto que el año pasado ya dejó huella como el más joven de la historia en debutar con un equipo oficial. El mismo que empezó este Dakar como un tiro, ganando el prólogo y la etapa 1, convirtiéndose también en el más joven en lograrlo. Liderar la general fue un sueño. Un aviso. Una promesa.

Talento le sobra. Hambre también. Pero el Dakar exige algo más: experiencia. Control de los detalles. Gestión. Y ahí estuvo la condena.

El Dakar no entiende de edad, ni de talento, ni de promesas. Solo de resistencia. Edgar Canet sigue en carrera. Más golpeado. Más sabio. Y todavía con todo por escribir. Porque esto no es el final. Es solo una de esas páginas que forjan a los que están destinados a marcar época.

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